A principios de mes de abril, durante la primera sesión del año, una diputada de la oposición cuestionaba al presidente de la Cámara de Diputados por “sentarse sobre las llaves del Congreso y no abrir sus puertas” “¡Lo único que les pedimos es que abra el Congreso!”. De esta forma interpelaba al oficialismo por la baja actividad del Poder Legislativo nacional durante 2019.

Pero, ¿de qué o quiénes depende el funcionamiento del Congreso? ¿Del impulso del Poder Ejecutivo? ¿De la capacidad de negociación con la oposición? ¿Del contexto político y electoral?

Lo que les proponemos es hacer un recorrido con datos de la actividad legislativa de los últimos 8 años para tratar de responder a estas preguntas. Empecemos con un panorama de lo que pasó entre marzo y junio de 2019 para verificar si la actividad fue menor a la de los años anteriores.

Hasta ahora vimos que el 2019 refuerza una tendencia descendente que se inicia en 2017 tanto en el número de sesiones como en el de leyes sancionadas. Sin embargo, mientras la cantidad de sesiones es comparable a la de otros años de elecciones ejecutivas a nivel nacional, el número de leyes sancionadas es muy diferente. En este caso, el 2019 marca el punto más bajo de la serie.

¿A qué responde esto? ¿Tiene que ver con las dinámicas que marcan la tendencia descendente en la productividad legislativa de los últimos 3 años o con el contexto particular de los años electorales?  Analicemos cómo ha evolucionado la sanción de leyes en los primeros semestres de los últimos 8 años, diferenciando los años electorales de los no electorales. 

 

Los primeros meses de los años electorales son momentos en que se definen las alianzas políticas y las listas de candidatos con las que cada fuerza va a disputar distintos espacios de poder.

Les proponemos entonces hacer zoom en los años electorales para ver si podemos identificar otras tendencias. ¿La iniciativa del Poder Ejecutivo en la agenda legislativa aumenta o disminuye? ¿Qué pasa si consideramos los proyectos impulsados por la oposición? ¿Sobre qué temas las fuerzas logran construir hay más consenso?

Los datos de la actividad legislativa nos permiten ver que en los primeros semestres de los años electorales, los oficialismos tienden a dominar la agenda parlamentaria, ya sea con proyectos presentados por el Poder Ejecutivo o por legisladores y legisladoras que integran el bloque oficialista y aliados.

Con frecuencia escuchamos que el gobierno nacional no tiene mayoría propia en ninguna de las dos Cámaras y que por eso tiene que negociar con la oposición para sancionar leyes. Podemos preguntarnos entonces si la baja cantidad de leyes sancionadas en 2019 es el resultado del fracaso en la negociación con la oposición en un contexto de definiciones electorales. Para esto, los invitamos a ver sobre qué temas se ha logrado construir consensos en 2019 y vamos compararlos con la agenda legislativa de los años anteriores. También vamos a ver hasta qué punto la capacidad de sanción de leyes varía cuando el oficialismo no cuenta con mayoría en las Cámaras. 

    

Iniciamos este recorrido preguntándonos por qué la actividad del Congreso fue tan baja en 2019 y cuál es la clave política de su funcionamiento.  Vimos que en años electorales es usual que baje el número de sesiones y que los oficialismos tienden a dominar las agendas parlamentarias.  Sin embargo, el 2019 marca un punto de inflexión en cuanto al número de leyes sancionadas.  Por otro lado, comparamos los años correspondientes al período de gobierno del presidente Mauricio Macri en que el oficialismo no contó con mayoría legislativa en ningún momento. 
 
En ese punto, notamos que tras un pico de productividad en 2017, la actividad legislativa comienza a declinar, lo que curiosamente coincide con un incremento de la representación parlamentaria del oficialismo lograda tras las elecciones de medio término.  Los datos nos muestran que la sanción de leyes tiende a reducirse cuando el oficialismo no cuenta con mayoría legislativa. Sin embargo, no obstaculizó la promoción de su agenda tanto en 2016 como en 2017. 
 
Actualmente nos encontramos en un contexto de definiciones electorales en que ni el oficialismo ni las fuerzas de la oposición unidas pueden movilizar sus propios proyectos de ley sin negociar y que, de hecho, no lo han logrado en asuntos clave como economía y finanzas, trabajo, salud y seguridad, entre otros.  ¿Eso quiere decir que en estas condiciones la clave del funcionamiento del Poder Legislativo está precisamente en la negociación? Si lo pensamos como un ámbito que espeja la política argentina, tal vez tener la llave no se trate hoy de la capacidad de sacar leyes, ni siquiera la de «cerrar el Congreso», sino la de poder regular qué entra y qué sale por la puerta. 
 
Este fue solo el puntapié inicial. Los invitamos a leer el informe completo para seguir haciéndole preguntas a los datos.