Cambiemos gana las elecciones de 2015 y 2017 con grandes slogans y frases de defensa de la transparencia, lucha contra la corrupción y rendición de cuentas de los representantes. Sin embargo hoy, luego de casi 3 años de gobierno poco se ve de esas promesas.

Si como muestra sirve un botón, veamos qué sucede en el Senado de la Nación. Su Presidenta es Gabriela Michetti, Vicepresidenta de todos los argentinos y Federico Pinedo, senador por la Ciudad de Buenos Aires del PRO, es su Presidente Provisional. Ambos tienen experiencia legislativa contando con más de un mandato como legisladores. ¿Y qué rol cumplen estos presidentes? Además de las tareas parlamentarias de coordinar la agenda legislativa, convocar a los diferentes bloques y lograr consensos, son los responsables de la administración del presupuesto del Senado.  ¿Qué implica esto? Son quienes deben administrar un presupuesto de $7.513,05 millones de pesos entre 72 senadores y 4636 empleados para este año 2018. Y aunque esta tarea no resulta fácil en un cuerpo colegiado, donde sus miembros representan a diferentes sectores políticos e intereses provinciales, la Presidencia, asistida por su Secretario Administrativo tiene las facultades para hacerlo.

Ahora bien, qué sucede en la administración actual del Senado. En marzo de 2018, Gabriela Michetti, representando al país en el Foro Global Anticorrupción e Integridad de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) expresó durante el acto de apertura que el compromiso asumido por la Argentina comprende no solo la lucha contra la corrupción fronteras adentro, sino también la cooperación con otros países, al tiempo que ratificó la intención de «continuar trabajando para lograr un estado transparente y abierto».

Poco de esa frase se refleja en su gestión en el Senado. Hay una total falta de información en cómo se ejecutan los pasajes que los senadores reciben, los empleados contratados y los fondos distribuidos a cada uno de los bloques políticos. Sobre estos temas reina la oscuridad. Incluso un alto funcionario del Senado, ante nuestro interés de contar con información sobre el canje por dinero en efectivo que los senadores hacen de los pasajes aéreos y terrestres que reciben nos respondió: «los legisladores tienen libertad absoluta para gastar su dinero, desde el Senado no podemos decirles que nos expliquen en qué lo gastan, para eso existen las elecciones. Si gastaron mal su dinero, será la provincia que los votó quién los castigue».

Frente a pedidos de información que desde Directorio Legislativo hemos realizado al Senado en distintas oportunidades, las respuestas resultan vagas, esquivas e incompletas. Distinto es el caso de la Cámara de Diputados, donde aun siendo también minoría, la Presidencia ha logrado avanzar en temas de apertura parlamentaria, creando su portal de datos abiertos, eliminando el canje de pasajes de los diputados por efectivo, publicando los viajes al exterior y la ejecución presupuestaria total de la cámara, entre otros avances.

Ante nuestros pedidos de mayor transparencia en el Senado muchas veces recibimos excusas como: Pero no somos mayoría, debemos negociar en un Poder colegiado siendo 25 senadores sobre 72. Frente a este argumento nos preguntamos. ¿No es este el gobierno que en marzo de 2016, con sólo 15 senadores propios logró la sanción de la ley de acuerdo con los holdouts? ¿O unos meses más tarde la ley de reparación histórica a los jubilados que incluyó el polémico blanqueo de capitales? Esto muestra que cuando este gobierno, y sus referentes en el Poder Legislativo quieren aprobar una ley, aun siendo minoría, logran hacerlo a través de importantes negociaciones. Por lo tanto, la Presidencia del Senado, aun siendo parte de un gobierno que tiene minoría en esta Cámara, si estableciese una política clara y sostenida de transparencia e intentara negociarla con los demás miembros del Senado, tiene posibilidades de lograrlo. Una vez más, lo que falta es voluntad.

Por Noel Alonso Murray

Por Noel Alonso Murray

Directora Ejecutiva en Directorio Legislativo